jueves, 2 de julio de 2015

Me encuentro un 31 de diciembre aprisionado entre las cuatro paredes de un hospital, con una intravenosa en las venas y conectado a una maquina que trata de mantenerme con vida, al parecer sin mucho éxito. Llevo varios meses viviendo en este pequeño cuarto, el que forzadamente se ha convertido en mi hogar, el ultimo de tantos. El mismo día que llegue a la sala de urgencias en un estado moribundo, me diagnosticaron cáncer de pulmón, pero ahora se ha extendido por todo el cuerpo y en unos días empezara a afectarme al cerebro. Los enfermeros suelen preguntarme siempre lo mismo ¿Por qué has tardado tanto en presentarte en un hospital? a lo que yo respondía  con un largo silencio. Aunque la verdadera respuesta fuera otra: cobardía, tenia miedo de escuchar de otros labios lo que en el fondo llevaba sospechando meses atrás. Me invade un sentimiento de culpa al pensar que si hubiera venido antes, quizás podría haber existido la posibilidad de curarme. Aunque se que remorderme la conciencia solo hará mis días mas amargos, si cabe la posibilidad de que lo sean mas.  
Habré escuchado la palabra cáncer alrededor de mil veces a lo largo de mi vida, pero nunca pensé que tuviera algo que ver conmigo. Siempre imagine mi muerte de una manera mas triunfal,  en alguna guerra protagonizando el papel de héroe, pero no era así, la vida tiene otro final para mi. Me siento encerrado en un  cuerpo, que ya no siento mío, es como si el hubiera decido emprender su camino en otra dirección sin contar ya conmigo. No encuentro las palabras exactas para describir mi estancia en el hospital, los días pasan pero son todos iguales. Llega la misma  enfermera a hacer su revisión diaria, con un semblante serio, y me pregunto si estará igual de cansada de hacer continuamente lo mismo, seguramente estará deseando que llegue el día, al fin y al cabo los dos sabemos cual es el final. 
Suele visitarme la poca familia que me queda a diario. No me duele el estar muriendo, ya he logrado asimilarlo, pero lo que nunca conseguiré asimilar, es la cara de tristeza de mis padres, la desesperación de unos padres que no pueden hacer nada por su hijo. Se supone que los padres deben morir antes que lo hijos, pero este no es el caso. El dolor que me causa verlos sufrir es mas fuerte que cualquier otro dolor causado por la enfermedad.  
De vez en cuando me llaman viejos amigos y conocidos, los había sinceros y con buenos sentimientos, pero en cuanto a otros, podía sentir la falsedad de su voz en cada palabra pronunciada. Entre toda la gente que ha hecho acto de presencia y a decidió perder tiempo de su vida dedicándome una llamada, hay una que todavía no ha llegado. Y digo no ha llegado, porque tengo la firme esperanza de que no llama porque no se ha enterado de mi estado. Se que cuando se entere lo hará, o eso espero. Suelo volver atrás en el tiempo, al día en que la conocí y pienso que seria de mi vida si no la hubiera conocido, quizás seria mas feliz o quizás tendría hijos y una familia propia. Según mi madre ella es la culpable de que  mi vida sea tan solitaria, ella y el alcohol. Cuando recibí la invitación de su boda comprendí que toda mi vida había sido un fracaso. Pero a pesar de todo, sigo con la firme esperanza de que llegue el día en el que suene el teléfono y sea ella.  
He llegado a plantearme todo tipo de dudas existenciales y posibles sentidos para la vida y he llegado a la conclusión de que la vida no tiene sentido o al menos no el que nosotros esperamos encontrar. Ahora veo la vida pasar como si de una película se tratara, no me siento participe de ella.  
Yo sigo esperando en el anden, esta vez sin equipaje, al ultimo tren del trayecto. Pero  mientras tanto aun hay tiempo para imaginar, para soñar, para sorprenderme con una llamada inesperada, para un final feliz.  


domingo, 19 de abril de 2015

infancia conclusa

aveces, cuando salgo de la rutina me viene el pensamiento a la mente de que nada volvera a ser igual, que ya no soy vuestra niña pequeña y que mi infancia se ha acabado. Que ahora yo sigo mi camino sola, sin que me ayudeis a caminar. Y en parte me alegro, porque es lo que he querido siempre, pero ya ha acabado? es como si en un suspiro pudiera encerrar mi infancia, sin poder introducir nada mas.

lunes, 6 de abril de 2015

Enciendo la television, y como tantas otras veces en estas fechas, vuelven a mostrar el numero de accidentes que hubo el año pasado en carreteras. Creo recordar que 33. Este año se aproxima que habra unos venitialgo. De las 40 millones de personas algunas formaran parte de algun accidente. Preparense, los calculos no fallan, mas de uno pasara a mejor vida en estas fechas, no hay margen de error. Quien sera esta vez? adios de antemano
La vida nos junto en algun momento, pero tu nunca lo sabras, ni yo realmente. Fue un pequeño cruce de miradas, una sonrisa casi obligada dirigada a un desconocido. Las prisas del dia cotidiano no permiten pensar detenidamente en lo que esta sucediendo. Nuestros pasos siguieron su camino, como si de una linea pintada se tratase.